
Durante años hemos hablado de smart cities como ciudades conectadas, sensorizadas y capaces de gestionar servicios públicos con más eficiencia. Pero esa visión meramente tecnológica ya no es suficiente. La digitalización urbana ha evolucionado hacia un concepto más ambicioso: la Smart Economy, un modelo económico que utiliza los datos, la innovación y las tecnologías digitales para impulsar productividad y sostenibilidad en el territorio. Y, aunque suene todavía a tendencia emergente, lo cierto es que muchas ciudades españolas ya la están aplicando.
Del urbanismo inteligente al desarrollo económico inteligente
La Smart Economy supone un giro respecto a otros modelos de desarrollo urbano. No se centra únicamente en construir infraestructuras, sino en activar ecosistemas económicos que aprovechan el potencial de la inteligencia artificial, el Internet de las Cosas (IoT), la analítica avanzada o los sistemas de datos urbanos. El objetivo es convertir la ciudad en un motor de innovación y dotarla de atractivo para los inversores.
Siempre hemos defendido que la tecnología no es un fin en sí misma, sino un instrumento o herramienta. Con la Smart Economy se pone todavía más de manifiesto, por si quedaba alguna duda, que la tecnología es una poderosa herramienta para transformar sectores productivos, favorecer el emprendimiento y generar empleo de mayor valor añadido. Por eso hablamos de economía “inteligente”.
La oportunidad RedCyTI: un impulso decisivo para la Smart Economy en España
En este contexto, la convocatoria RedCyTI se ha convertido en uno de los instrumentos más relevantes para acelerar la Smart Economy en España. Su objetivo es financiar proyectos que fortalezcan redes de ciudades inteligentes y economía del dato, fomentando infraestructuras digitales avanzadas, espacios de experimentación y capacidades para el uso estratégico de datos públicos y privados.
RedCyTI no solo financia tecnología: financia capacidad económica, apoyando a ayuntamientos y territorios que quieren situarse a la vanguardia de la innovación urbana. Gracias a esta convocatoria, las ciudades tienen la oportunidad de:
- Desplegar plataformas de datos interoperables.
- Crear nuevos servicios basados en IA y analítica avanzada.
- Potenciar ecosistemas de colaboración público-privada.
- Impulsar proyectos estratégicos que conecten digitalización, economía y sostenibilidad.
La convocatoria es, en definitiva, un acelerador de Smart Economy que permitirá que lo que hoy son iniciativas aisladas se conviertan en redes territoriales de innovación urbana, ampliando escala y generando impacto económico real.

¿Cuáles son los pilares de una Smart Economy?
- La digitalización del tejido productivo
Las ciudades están impulsando plataformas de datos, pilotos de IA aplicada a servicios urbanos o 5G para nuevas soluciones de movilidad y energía. Estas infraestructuras “invisibles” permiten que empresas de todo tipo – desde startups a pymes industriales – puedan innovar sobre la ciudad.
- Los datos como activo económico
Más allá de su uso para gestionar servicios públicos, los datos se han convertido en un recurso clave para generar nuevas oportunidades de negocio: aplicaciones de movilidad, herramientas de eficiencia energética, optimización logística o inteligencia turística.
- Ecosistemas de innovación abiertos
La Smart Economy rompe la lógica tradicional del sector público como único motor del desarrollo urbano. Universidades, centros tecnológicos, empresas, emprendedores y ciudadanía forman parte de laboratorios urbanos, sandboxes regulatorios y distritos de innovación.
- Sostenibilidad como motor de transformación
La sostenibilidad y la transición ecológica deja de abordarse como un trámite o como algo que hay que hacer por imperativo normativo, para integrarse en los modelos de negocio urbanos: energías renovables distribuidas, movilidad descarbonizada, economía circular apoyada en plataformas digitales o gestión energética basada en datos.

¿Qué ciudades destacan en España?
España se ha convertido en uno de los países europeos más activos en el despliegue de estrategias de Smart Economy. Varias ciudades destacan por haber convertido la innovación urbana en motor económico:
- Barcelona: innovación urbana a escala
El distrito 22@ es hoy uno de los espacios urbanos más potentes de Europa para la economía digital. Concentra startups, universidades y corporaciones tecnológicas, y está evolucionando hacia un modelo basado en plataformas de datos, gemelos digitales y planificación urbana inteligente. A ello se suma el Green Deal municipal, que integra economía digital y transición ecológica en una misma agenda de desarrollo.
- Málaga: nuevo polo tecnológico
La capital malagueña ha demostrado que la innovación puede transformar por completo el posicionamiento económico de una ciudad. El Polo de Contenidos Digitales, el hub de ciberseguridad, los pilotos 5G y la sensorización urbana la sitúan como uno de los principales polos tecnológicos y creativos del sur de Europa.
- Madrid: movilidad inteligente y economía del dato
La ciudad y la región están impulsando un sandbox de movilidad con empresas tecnológicas y operadores públicos. Proyectos como el Centro de Operaciones de Ciberseguridad municipal o las infraestructuras digitales previstas en Madrid Nuevo Norte ilustran cómo la inversión urbana puede reforzar la productividad y la competitividad económica.
- Sevilla: una visión metropolitana para la economía del dato
Con Sevilla City One la ciudad está articulando una estrategia que combina digitalización, movilidad sostenible, regeneración urbana y plataformas de datos compartidos desde una perspectiva metropolitana. La iniciativa busca atraer inversión, retener talento y consolidar un ecosistema de colaboración público-privada que sitúa a Sevilla como un hub emergente de innovación urbana en el sur de Europa. MB3 estamos muy orgullosos de tener, desde septiembre de 2023, un vínculo muy estrecho con Sevilla City One para contribuir al cambio de modelo urbano.
- Valencia: turismo inteligente como estrategia de ciudad
La capital valenciana fue pionera en certificarse como Destino Turístico Inteligente (DTI). El uso de plataformas de datos y sistemas de inteligencia turística ha mejorado la gestión del espacio público y la experiencia del visitante, pero también ha generado oportunidades para empresas locales y startups del sector TravelTech.
- Santander: ciudad laboratorio del IoT urbano
Santander continúa siendo un referente europeo en IoT aplicado al territorio, con miles de sensores distribuidos por la ciudad. Su ecosistema de experimentación tecnológica permite testar soluciones que después escalan a otros territorios, impulsando un tejido empresarial innovador.
- Zaragoza: logística, energía y datos
Zaragoza ha consolidado un potente ecosistema logístico con el apoyo de centros como el ZLC (Zaragoza Logistics Center), además de proyectos de movilidad y eficiencia energética basados en datos. La colaboración público-privada y la apuesta por la analítica avanzada están redefiniendo su modelo económico metropolitano.
Impacto más allá de la tecnología
Más allá de añadir una capa tecnológica a la ciudad (despliegue de sensores, cámaras, etc.) como históricamente han hecho las Smart Cities para ganar eficiencia, la Smart Economy supone una completa redefinición de la manera en que se crean oportunidades económicas en las ciudades.
Todo esto se traduce en:
- Mayor productividad en servicios e industrias urbanas
- Atracción de talento y empresas de alto valor añadido
- Regeneración de barrios vinculada a innovación
- Movilidad más eficiente
- Reducción de emisiones
- Mayor resiliencia frente crisis económicas o ambientales.
En un país donde la competitividad territorial será decisiva en la próxima década, la Smart Economy aparece como una estrategia imprescindible para que las ciudades no solo sean más sostenibles y habitables, sino también más prósperas.
La economía del dato como nuevo contrato urbano
En resumen, la Smart Economy invita a repensar el papel de nuestras ciudades y áreas metropolitanas. Ya no solo gestionan servicios públicos: son motores de innovación, generadoras de oportunidades y escenarios donde se testean soluciones que después adoptará la industria. El reto, eso sí, es garantizar que esta transformación llegue a todos: empresas grandes y pequeñas, barrios centrales y periféricos, ciudadanos digitales y no digitales.
La revolución urbana del siglo XXI no será únicamente tecnológica. Será también económica, inclusiva y basada en datos. Y las ciudades españolas ya están demostrando que pueden liderarla.















